Doce nombres, ninguno concordaba.
Llegamos juntos a Agosto. Esa quincena en la que desapareció sirvió para que, según ella, replanteáramos qué queríamos de toda esta situación, a dónde queríamos, podíamos y estábamos dispuestos a llegar.
Medio en broma, medio en serio le había propuesto matrimonio en Cuzco. Medio en broma, medio en serio, hicimos intercambio de anillos de juguete/compromiso. Hicimos planes, cálculos, cuentas: jamás me había sentido como un adulto, hasta ese momento, a pesar de todo.
Como siempre, planeé con suficiente anticipación una serie de eventos que, encadenados, llevarían a ese momento ideal en el que medio en broma, medio en serio se volvería en serio. Como fichas de dominó cayendo, los sucesos empezaron a encadenarse hasta ese momento ideal.
Y ella no apareció para ver todo el efecto de los sucesos encadenados. Busqué por todos lados, con todos los datos que tenía sobre ella, todos los datos que pude averiguar, toda la ayuda que pude recibir y más. Se había vuelto un fantasma, como si jamás hubiera existido.
Así hasta Diciembre.



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