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Chan Chan

Mayo 18, 2008

Con frecuentes paradas recorremos esas últimas ocho cuadras por el eje ambiental bajo la llovizna tenue de la media noche. Hace bastante no entro, y cuando finalmente lo hago, esta vez acompañado pero solo, me golpea el calor que emana del lugar y que contrasta con la fría noche de fuera.

Mi cabeza, acostumbrada a funcionar rítmicamente en cuatro cuartos, se desacomoda con la clave que nos acompañará el resto de la noche. Miro, recorro el lugar con la vista ansioso, esperando y a la vez no un encuentro. Me siento, dejo mi maleta dos segundos, recorro más detenidamente el lugar para ayudar a mi cansada vista, para confirmar que el encuentro inesperado no se va a dar. Regreso a mi silla, me siento y cierro los ojos. Suelto mi pelo y lo arreglo de forma incoherente y visualmente graciosa.

Un dos tres silencio un dos, un dos tres silencio un dos, una y otra vez. No es, definitivamente, lo mío. Mazzy Star me tienta desde el discman en mi bolsillo pero desisto: el volumen es suficientemente alto como para perder pilas inútilmente. Como siempre que no puedo hacer más, observo. Veo la gente moverse. Hombros, caderas, a un ritmo que no funciona en mi cabeza. Entrecierro los ojos y la recuerdo, moviéndose al mismo ritmo que ahoga cualquier otro sonido del lugar, que ahoga mis pensamientos que nadan desesperados para medianamente flotar en orden; la recuerdo tan fuertemente que abro los ojos cinco segundos para comprobar que ningún movimiento que veo en vivo va a acercarse a la belleza que tienen sus movimientos, suaves, con gracia y elegancia, nunca fuera de compás.

Suspiro, respiro. El tic en el párpado se acentúa. Busco en mi maleta, saco mi lápiz, y una etiqueta de una cerveza que fue bebida hace más de un mes. No veo nada. Sé que escribo Eyeless, pero las palabras no se ven, y mi mano sigue escribiendo desenfrenadamente. Guardo la etiqueta y el lápiz, y salgo del lugar a la noche en la que ya llueve de verdad. Suspiro mientras me pongo el saco y me dirijo al lugar que pretendo llamar casa. La extraño demasiado.

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