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Cold Days from the Birdhouse

Diciembre 5, 2008

Estoy de pie frente a la ventana de mi cuarto sintiendo el aire helado de la madrugada. Estoy envuelto en esa misma cobija en la cual una vez enmarcaste tu cara de tal forma que sólo pude ver tus ojos y tus pómulos (y aunque la fotografía que capturó ese momento no exista en medios magnéticos aún conservo esa estampa en mi cabeza, perfectamente). Abro más la ventana, ya que la lluvia que ha caído desde el anochecer hace ya varias horas por fin cede. Saco la mano y dejo que las pequeñas gotas la mojen.

Es imposible saber la hora con sólo mirar fuera. El horrible cielo naranja propio de las noches nubladas de Bogotá sólo da a entender que el amanecer aún está lejos, aunque no sé cuánto. Tomo mi teléfono de la mesa de noche para ver la hora: 3:42 a.m.: sólo he dormido poco más de una hora… y aún así en ese poco tiempo lograste colarte en mis sueños. De nuevo.

Todo es confuso cuando despiertas al poco tiempo de dormirte. Como una mala siesta en medio de la madrugada. Camino hasta la cocina, saco un alpinito del congelador, tomo una cuchara del platero y regreso al cuarto comiéndomelo. El último. Empaco mi computador y mi disco duro, y me baño con agua obscenamente caliente durante largo rato para matar tiempo.

El amanecer ya no está lejos, lo sé. Salgo de la ducha tiritando: no he cerrado la ventana. Al hacerlo noto que los pájaros cantan. Me visto rápido, y guardo toda mi ropa en las maletas. Escribo una pequeña nota, la dejo sobre el comedor, tomo el sobre de manila y salgo a la calle. En el ascensor pongo música, atravieso el parqueadero mojado, salgo por la rampa de visitantes y camino hacia la Esperanza.

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Liquid Paper

Septiembre 13, 2008

No ha dejado de ser cierto que yo sigo hablando mejor con el producto de mis manos. El paso del cerebro a la boca diluye las palabras, las dispersa, las confunde, y nunca me siento satisfecho con lo que digo. Cuando media la escritura, la coherencia es mayor, la seguridad es mayor, la claridad es mayor. Así que me senté, cuaderno y rapidógrafo en la mano, intentando poner en orden el velo de ideas superpuestas.

El viejo miedo a la hoja en blanco.

Así que primero empecé a trazar líneas, formando una mano, un brazo, una cabeza que ese brazo mismo busca. La tinta empezó a llamar más tinta y el proceso fue más fácil. Giré la hoja, y ahí te vi. Despacio, empecé a bosquejarte. Nunca, nunca me había sentido más cómodo dibujando que escribiendo.

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Closedown/Trenje

Agosto 15, 2008

Pues no. No me voy a disculpar por sentir lo que siento. Olvídalo. Si quieres usar la ironía, está bien, en ese caso me disculpo por no desilusionarte como esperabas que lo haría, me disculpo por no ser todos los mierdas bajo el sol que te conviene que sea, me disculpo por no cagarla como te hubiera servido que lo hubiera hecho. No te culpo: es más fácil que el otro sea el villano.

Y ya. Sé que te molestará infinitamente que lo diga, pero te amo. A ti te molesta que te lo diga, a mi me molesta que sea cierto. Ya no importa, igual. Gracias por todo. Gracias por hacerme feliz, gracias por recordarme que cuando todo está bien algo ínfimo puede mandarlo todo a la mierda. Gracias por darme los mejores recuerdos que tengo, gracias por llevártelos. Gracias por motivarme a ser mejor, gracias por demostrarme que entre más me esfuerzo más duro fracaso. Gracias por inspirarme creativamente, gracias por pasar por alto lo que hago. Gracias por sacarme de mi coraza, gracias por enseñarme que ahí dentro estoy más seguro.

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Road, river and rail

Junio 30, 2008

La nieve vuelve a caer y me calo de nuevo mi gorro cosaco. Estoy parado en el puente Anichkov, viendo pasar el río. Abotono mi abrigo, ajusto la bufanda y de nuevo empiezo a caminar por la Nevsky prospekt. Entro a un café, donde chapuceo algo de ruso para pedir un café caliente, que me tomo en dos segundos mientras salgo de nuevo a la avenida.

La nieve sigue cayendo, cada vez más blanca; subo por la Sadovaya una calle y busco la estatua de Pushkin. Tomo varias fotos y camino de regreso a la Nevsky; esta vez entro al metro. Me subo al tren, en el que intento conversar con algunas personas pero mi ruso limitado sólo causa curiosidad entre las pocas personas que se molestan en hablar conmigo.

Me bajo del metro en la estación frente al museo de esculturas de la ciudad, salgo de nuevo a la Nevsky y camino hacia el Neva. Miro mi reloj: 2:20 P.m. Cinco minutos y varias fotos después, regreso por la Nevsky hacia la estación de tren, tan rápido como me deja la nieve que ya ha creado una capa delgada de blancura sobre los andenes. Mi pulso va cada vez más rápido. Entro a la estación, busco la plataforma… y ahí estás. Sonrío.

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Chan Chan

Mayo 18, 2008

Con frecuentes paradas recorremos esas últimas ocho cuadras por el eje ambiental bajo la llovizna tenue de la media noche. Hace bastante no entro, y cuando finalmente lo hago, esta vez acompañado pero solo, me golpea el calor que emana del lugar y que contrasta con la fría noche de fuera.

Mi cabeza, acostumbrada a funcionar rítmicamente en cuatro cuartos, se desacomoda con la clave que nos acompañará el resto de la noche. Miro, recorro el lugar con la vista ansioso, esperando y a la vez no un encuentro. Me siento, dejo mi maleta dos segundos, recorro más detenidamente el lugar para ayudar a mi cansada vista, para confirmar que el encuentro inesperado no se va a dar. Regreso a mi silla, me siento y cierro los ojos. Suelto mi pelo y lo arreglo de forma incoherente y visualmente graciosa.

Un dos tres silencio un dos, un dos tres silencio un dos, una y otra vez. No es, definitivamente, lo mío. Mazzy Star me tienta desde el discman en mi bolsillo pero desisto: el volumen es suficientemente alto como para perder pilas inútilmente. Como siempre que no puedo hacer más, observo. Veo la gente moverse. Hombros, caderas, a un ritmo que no funciona en mi cabeza. Entrecierro los ojos y la recuerdo, moviéndose al mismo ritmo que ahoga cualquier otro sonido del lugar, que ahoga mis pensamientos que nadan desesperados para medianamente flotar en orden; la recuerdo tan fuertemente que abro los ojos cinco segundos para comprobar que ningún movimiento que veo en vivo va a acercarse a la belleza que tienen sus movimientos, suaves, con gracia y elegancia, nunca fuera de compás.

Suspiro, respiro. El tic en el párpado se acentúa. Busco en mi maleta, saco mi lápiz, y una etiqueta de una cerveza que fue bebida hace más de un mes. No veo nada. Sé que escribo Eyeless, pero las palabras no se ven, y mi mano sigue escribiendo desenfrenadamente. Guardo la etiqueta y el lápiz, y salgo del lugar a la noche en la que ya llueve de verdad. Suspiro mientras me pongo el saco y me dirijo al lugar que pretendo llamar casa. La extraño demasiado.

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Running

Abril 25, 2008

Martes. Difícil decir la hora por la luz, porque las nubes están tan cargadas de lluvia que no hay rastros del sol. Sin reloj tampoco es fácil adivinar. Acabo de salir de la ducha por segunda vez en el día, aún más limpio que la primera vez, y estoy en mi cuarto con la toalla en la cabeza y los gallumbos puestos, totalmente acicalado y listo para vestirme.

Primero, el pantalón. Me siento, talco en los pies, medias. Camiseta. Camisa. Corbata. Zapatos. Mancornas, pisacorbata. Saco. Abrigo. Cinco segundos de duda, mientras escojo el acompañamiento. Será el Livonia de HNIA. Guardo el discman en el bolsillo izquierdo del pantalón. Tomo mis llaves, salgo, cierro y entro al ascensor. Mientras baja, ajusto el volumen y pongo el álbum en shuffle. Salgo del edificio, camino por el parqueadero, y empiezo a oír la música cuando salgo de la portería. Camino hacia el norte.

En la esquina de Eldorado empieza a lloviznar. Sin sombrilla. Un silencioso “joder” y la esperanza que no arrecie en el camino. Son 17 Km, casi media maratón.

La ruta es lo de menos. Camino, subo puentes, cruzo semáforos, evito charcos. Oriente, norte, oriente, norte, oriente, norte. La dirección se repite como un mantra, así como se repiten como mantras E-Nicolle, If July, Fossil, As We Could Ever. A la altura del parque Simón Bolívar entra en circular el A340 de Air France, en La Floresta el de Iberia. Las lágrimas se camuflan con la lluvia que no cesa, que cae pesada, que convierte la ropa en un pesado lastre. Pareciese que fuera a escampar cuando paso frente al otrora casino/chochal, pero retoma intensidad la lluvia mientras más se acerco, y se convierte en un aguacero seriamente fuerte Cuando paso frente a Sorpresas: lluvia Cedritos Style.

He caminado rápido, casi trotando. Probablemente he oído el disco dos veces, y ahí estoy ya, frente a la puerta. Cae la noche, ahora sí se puede asegurar. Suspiro, y dudo. Me acerco… y me arrepiento. Doy vuelta, enfilo hacia el sur. Me quito el pesado abrigo empapado que, para este momento, hiede a paño mojado. Frente al potrero en el que se puede tomar el atajo hacia el puente dejo de caminar y lo exprimo. Vuelve a sonar E-Nicolle, versión completa. Levanto los ojos, y frente a mí está ella.

What could have been shared – still lingers and waves
We smile and hate – can’t stand the pain
If anything was ever true – as lovers we are through
Fresh immortal its not fatal – not a long time ago
You said that i was forever getting lost
Cut open cut broken – knots in this love
Something strange happened when we met
The pursuit ended – shouldn’t be dead yet
You’re missing the point – i’m bleeding
Now my love lies battered on the floor
YOU ARE SAINTS BREAK WINGS FALL RIVER
My love lies battered – and its yours

Miro sus ojos.

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One Hundred Years

Abril 2, 2008

Nada de esto es real. It doesn’t matter if we all die. Pero todo está ahí para probarnos que todo existe y que, de alguna manera, importa.

Y de repente estás ahí parado, mirando, en frente suyo. Pero no estás. No existes. Nunca lo has hecho. Ni siquiera como un error. No grites, porque el silencio que producirá tu grito te demostrará tu inexistencia. Borrado.

Pero no te preocupes, no te molestes, no te angusties. No te sientas mal, no estés triste. Si no existes, si no exististe, lo que causa tu mal tampoco. Entonces, ¿para qué sufrir? Relájate, disfruta de los fuegos artificiales, come y bebe, diviértete. El hecho de que no existas no te va a quitar lo que está en tus recuerdos.

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Space Dementia

Marzo 4, 2008

No me siento en casa. No porque me disguste el hogar -de hecho me gusta mucho y sé que cuando esté terminada la mudanza va a ser aún más cálido. No me siento en casa y en Chapinero tampoco me sentía en casa.

Sólo que ahora tengo menos oportunidades de huir para no darme cuenta, para no recordarlo. Todos están más lejos, hay menos transporte, no he encontrado rutas de buses a todos los barrios. Tengo que estar aquí aunque prefiera estar en otro lado.

‘Cause I’ve not been home in such a long time and all of this is so fucked up and I want to get back into that warm and cozy and nice place I miss so fucking much, so much that its absence really makes everything else seem bleak and poor and pointless and dumb. I am giving all I can, I am facing my own insanity and it’s hard and long and rough but I won’t give up, even if this has been the longest month of my entire life and it seems like it’s been a year or more…

En estos días me he dado cuenta que aún habiendo ya pasado tres largos años nunca llegué a interiorizar completamente la magnitud de todo lo que pasé. Un flashback que puso algo de perspectiva me mostró que todo ha sido más grave, más difícil, más doloroso de lo que recuerdo, y que he dado una lucha para la cual puse más fuerzas de las que alguna vez creí tener. Este momento de debilidad, este vuelo bajo y lento, requiere tal vez menos esfuerzo. Y estoy dispuesto a darlo.

Esforzarme por sacarla de mi cabeza sólo ha conseguido demostrar lo ridículo e innecesario de esos intentos.

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These Days

Febrero 11, 2008

These days I seem to think a lot
About the things that I forgot to do

Dudo que alguna vez en mi vida haya hecho tanta retrospectiva. Trato de entender, trato de comprender (si acaso ambos verbos pueden entenderse como diferentes), miro, reviso, replanteo situaciones. Aprendo, o al menos eso espero.

And if I seem to be afraid
To live the life that I have made in song
It’s just that I’ve been losing so long.

In fact it’s not “so long”. But it hurts as fuck.
Y doy vueltas y pienso y analizo y comparo y medito y NO PUEDO DORMIR MALDITA SEA y me preocupo y me angustio y NO PUEDO, NO PUEDO LLORAR, NO ME SALEN LAS LÁGRIMAS, QUIERO LLORAR Y NO PUEDO y trato de mantenerme calmado y de mejorar y veo las cosas más claras de lo que las he visto y veo qué he de enmendar y qué proponerme hacer para seguir en el camino.

I’ve stopped my dreaming,
I won’t do too much scheming
These days, these days.
These days I sit on corner stones
And count the time in quarter tones to ten.
Please don’t confront me with my failures,
I had not forgotten them.

Siempre queda la esperanza. Aunque muchas veces me pregunto por qué estaba en la caja de Pandora, junto a los (¿otros?) males. No estoy en condiciones de permitirme escapar soñando: tengo una realidad que confrontar. Que la esperanza sea una banderita a lo lejos que me señala la meta, no que se convierta en un sucedáneo del camino y que a la vez me impida recorrerlo. Creo que ya he empezado a caminar, en algún momento veré la meta. Esta meta, mejor.

La extraño demasiado.

 Algunas respuestas no las tengo yo. Pronto llegará el momento de preguntar para obtenerlas. El momento de cantar Pored mene, budi pored mene!.

¿Pero cuando? Nina! Budi pored mene!

Paso a paso, Seb. Paso a paso. Aprovecha que no vas a caer, disfruta el panorama y emprende el camino. Y DEJA LA PUTA AUTOCENSURA. Trepa, ya lo has hecho antes con cosas comparativamente igual de graves aunque sean de otra índole. Estás hallando respuestas en ti, espera a las respuestas de fuera. Haz las preguntas, pero no seas el mismo imbécil de siempre que pregunta de tal forma que siempre le van a negar la respuesta. 

Y vete a dormir, maldita sea, que son casi las tres de la mañana.

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Enjoy the silence

Enero 31, 2008

Me acerco un poco más, con cuidado. Estoy seguro que mis latidos se oyen en todo el bus, y aún más, que ella los escucha nítidamente, con toda claridad: creo firmemente que nota la progresiva aceleración de mi pulso, cada sístole, cada diástole, conforme estamos más cerca.

Nos miramos y a la vez intentamos esquivar los ojos del otro. La conversación no muere pero los intervalos se prolongan, aunque los silencios no son incómodos. Ambos nos notamos nerviosos, indecisos… quedan libres dos puestos, y nos sentamos.

La conversación continúa. En el momento en el que creo que ya todo el bus se ha acostumbrado a mi taquicardia resonando por todo el vehículo, en el mismo momento en que las palabras se van espaciando y las distancias reduciendo, nuestros ojos se cruzan. Tras el instante de duda, muy despacio, nos abrazamos. Mis latidos deben escucharse ya fuera del bus; de hecho, ni siquiera trataría de avivar la conversación (aunque no es necesario ya) porque sería inútil: sístole y diástole evitarían que cualquier cosa se escuchase. Mi mano izquierda está entrelazada con su mano derecha y nuestros pulgares giran alrededor del otro. ¿Quién demonios necesita hablar?